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Mostrando entradas de junio, 2017

Hasta abstraerse

Estaba embriagado por el sonido característico de la noche del campo, por ese rugido mudo pero constante que habitaba en el aire y que impedía que el silencio absoluto existiese. Ese sonido, indescriptible, se veía adornado por algún insecto ocioso que con sus pasos hacía crepitar a las hierbas. Y así, sin más, de repente, un grillo comenzaba su sinfonía particular a ritmo de cri, cri, cri; un canto que no le hacía sino más localizable y, por tanto, vulnerable a cualquier felino juguetón que merodease por la zona. Y ahí estaba él, atreviéndose a ser el improvisado director de orquesta de la noche.
Aquella era una paz que le transportaba al pasado, atrapándole en una hermosa nostalgia que le recordaba a cuando sentía algo por el mundo. Se refería a cuando era un enano y todo le parecía imponente, digno de ser vivido o experimentado. A la vida. Siempre pensó que vivir con tanta intensidad era insano para el desarrollo normal de un crío, pero el mundo no pregunta, sino que impone, arrol…

Pasado

Había estado revisando escritos de hacía año y medio, de cuando estaba en una terrible crisis existencial y pensaba que el mundo se le había caído encima para siempre. No tuvo problemas en aceptarlo: daba lástima, exacerbaba su agonía y permanecía petrificado ante su propia destrucción. El estilo de aquellos escritos era complejo, compuestos de frases largas que enfrentaban en su interior varias emociones. Y ahora lo veía claro; cuando un escritor antepone la emotividad a la sencillez, acaba construyendo un monstruo que le es invisible. Por eso, ahora, releyendo viejos textos, comprendía su grave error. 
«Entre el olvido y el recuerdo se produce la evocación de hechos pasados », pensó. Era un pensamiento que había nacido, de nuevo, con el defecto de la complejidad y que volvía a mezclar sentimientos en pocas palabras. Pero a él le servía como epílogo de su error. Había necesitado olvidar lo que le llevó a escribir aquellos envejecidos textos para darse cuenta de que no le evocaban lo…

Viveza

El fuerte viento de aquellos días le había hecho sentir muy vivo. Era una sensación extraña pero fortificante, algo que le llevaba a hacerse preguntas existenciales. Su vivacidad y energía no se debían al viento, sería absurdo, sino a la sensación de placer que estaba experimentando por cada nimio detalle al que se exponia. Todo tenía un matiz emotivo, placentero o, en los casos más extraños, ambivalente. — Entonces, ¿era así como se sentía una persona en su día a día? ¡Qué afortunados!—se decía a solas en lo alto de una colina repleta de una plantación de girasoles.  No había vida humana a kilómetros. Sólo él, sus pensamientos y sus sensaciones.  Sí, sensaciones.
Llevaba tantos años sintiéndose tan apagado que ahora todo le resultaba tan impactante como lo es exponerse a un colorido lienzo de un artista obsesionado por el detalle.  — ¿Y ésta emoción? Yo diría que es felicidad—pero, ¿cómo saberlo a ciencia cierta? Es como decir que el primer cuadro que ves de un artista es tu favorit…