viernes, 30 de junio de 2017

Hasta abstraerse

Estaba embriagado por el sonido característico de la noche del campo, por ese rugido mudo pero constante que habitaba en el aire y que impedía que el silencio absoluto existiese. Ese sonido, indescriptible, se veía adornado por algún insecto ocioso que con sus pasos hacía crepitar a las hierbas. Y así, sin más, de repente, un grillo comenzaba su sinfonía particular a ritmo de cri, cri, cri; un canto que no le hacía sino más localizable y, por tanto, vulnerable a cualquier felino juguetón que merodease por la zona. Y ahí estaba él, atreviéndose a ser el improvisado director de orquesta de la noche.

Aquella era una paz que le transportaba al pasado, atrapándole en una hermosa nostalgia que le recordaba a cuando sentía algo por el mundo. Se refería a cuando era un enano y todo le parecía imponente, digno de ser vivido o experimentado. A la vida. Siempre pensó que vivir con tanta intensidad era insano para el desarrollo normal de un crío, pero el mundo no pregunta, sino que impone, arrolla y no se detiene bajo ninguna circunstancia, comportándose como un monstruo insensible que no espera a nadie. Ya. Ésta era una visión del mundo muy humana, puesto que éste no escapa de ser algo inerte cuyo único fin es seguir existiendo un día tras otro, en ciclos de días y noches que nos sobreviven con pasividad, dejándonos bien claro que su monotonía no nos necesita, y que, una vez muertos, todo seguiría igual, demostrándonos en un arrebato de realidad que la nada también puede trascender. Esta nada era perpetua y el único fin de todo. Así de simple. La nada, tan vacía y con tanto significado... Pero lo que le inquietaba no era eso, era preguntarse qué le había ocurrido estos años para olvidar tan inmenso conjunto de sensaciones. Algo cruel, seguro, que le daba miedo responder por no volver a abrir etapas de la vida ya quemadas.

Tenía que aprender a contenerse, a no divagar, a detenerse en la belleza del mundo hasta ser completamente absorbido por ella. Era la única forma de volver a sonreir como aquel niño que fue.


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