domingo, 16 de julio de 2017

Inhibición Latente

La agencia estatal de meteorología lo venía avisando hasta que llegó con fuerza. Sí, ahora la ola de calor era real: Sevilla era un infierno a más de 45º.
En esta época del año era un clásico que el sevillano de a pie se preguntase si prefería el calor de verano o el frío de invierno, un debate insustancial que, para él, se contestaba tan solo con mirar sus áridas y desiertas calles en las que, si encontrabas vida, sólo podía tratarse de una familia guiri con los rostros sudorosos y colorados. Los guiris eran la excepción que confirmaba la regla.
—¡Mira! Otro extranjero desafiando a su propia naturaleza. No entiendo como pueden disfrutar con este clima—le afirmó rotundamente a su acompañante, amigo desde la Universidad.
—Buah, no cambiaría esta terraza con aire acondicionado por nada del mundo.
—Eso lo dices tú, que tienes una vida estable y organizada—le espetó con la jarra Cruzcampo—. Mi vida es un desastre llena de problemas. Los médicos utilizan el término idiopático cuando desconocen las causas de un problema. Epilepsia idiopática. Migraña idiopática. Fibrosis pulmonar idiopática...
—¿Y eso que tiene que ver?—le interrumpió su amigo con brusquedad.
—Pues que mi vida es una vida idiopática, que emana del caos y se retroalimenta de síntomas que no le importan a nadie.
— Uhm, ¿has ido de nuevo al médico?
—Dejé de ir porque, ¿para qué? si no hacen más que marearme buscando un diagnóstico que todavía no existe en la medicina actual, porque, dime, si éste existiese yo no andaría tan perdido; sería sota, caballo y rey y no un diagnóstico random en cada visita. ¿Verdad?
—Seguro que alguno de tus síntomas destaca sobre los demás y los relaciona a todos. Causa-Efecto.
—Creo que sí. Sigo pensando que tengo la inhibición latente baja, que implica que no filtro bien la estimulación sensorial externa(auditiva y visual) y eso me tiene sobrecargado. Estoy agotado del mundo. Hasta la polla, vamos.
—No imagino lo que puede ser no filtrar esos sonidos de los que tanto te quejas.
—Un maldito infierno. Percibes el mundo con más realismo, eso es cierto, pero este realismo sólo conlleva problemas y más problemas. Por ejemplo, la nitidez con la que se percibe un estímulo sensorial es el resultado de inhibir el entorno sobre lo resaltado; es decir, el estimulo se percibe sobre lo demás. Por contra, ser incapaz de inhibir adecuadamente a tu entorno sobre un estímulo objetivo es convivir con el caos. El mismo sonido ambiental es un claro ejemplo: percibo por igual a la persona que estoy escuchando que al aire acondicionado. Percibo por igual al grillo que hace cri cri cri que a la película que veo. Todo es una orgía de información.
—Una putada, amigo; ¿qué fue del investigador de Inhibición Latente que visitaste?
—Nada, le conté mi caso, se interesó y lo olvidé. Cosas del condicionamiento clásico y de no querer ser la cobaya. ¿Sabes? El mismo alcohol que estoy ahora consumiendo me reafirma en mi hipótesis. Ojalá percibiese el mundo como lo percibo ahora.
—¿Y cuál es la diferencia?
—Qué hace calor. Así de simple.
—No lo entiendo, calor hace, con o sin alcohol en sangre.
—Pues la diferencia es que sin alcohol hace calor mientras suena de fondo Birdy y el camarero recoge vasos haciendo un ruido infernal. Ah, en la mesa de la izquierda gritan demasiado, en la mesa de la derecha hay una expareja peleándose por la custodia del perro y en la de enfrente andan como autistas con el móvil. Y eso sin hablar del tío de las tragaperras y del gitano que vende DVDs. Desde que empecé a beber alcohol sólo existe tu mesa y me importa tres carajos lo que ocurra alrededor.
—Pues brindemos por el silencio.
—Y por la inhibición del cerebro que lo hace posible.

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